Cuando no le interesan tus problemas o proyectos. Si ha dejado de mostrar preocupación cuando te pasa algo malo, tienes problemas o le cuentas tus metas y proyectos, ya no formas parte de su vida.
Cuando evita hablar del futuro. Otra clara señal de alerta es cuando ya no quiere hablar acerca de planes para el futuro como casarse, tener hijos, o vivir juntos.
Cuando pelea por todo. Si le molesta cada cosa que haces y siempre destaca tus defectos, es tiempo de dar marcha atrás. Además, en esta etapa se encarga de culparte por lo mal que están o porque la relación ya no es igual. Otro síntoma es que suele llegar tarde y de mal humor:
Cuando ha dejado se ser cariñoso y detallista. Si antes era cariñoso y te sorprendía con pequeños regalos, mensajes de texto, correos electrónicos, llamadas para desearte un buen día o cosas por el estilo, y ha dejado de hacerlo, el interés ya no es el mismo.
Cuando ya no te invita a reuniones con sus amigos. Ya no te involucra en los planes con sus amigos e incluso comienza a verlos más a ellos que a ti. De hecho, muchas veces suele exigir constantemente que le des espacio: no se ven tan seguido, ni comparten tanto, pero aun así se queja de que no le das su “espacio”.
Cuando entre sus prioridades no estás tú. Adelantar trabajo, lavar ropa o ver un programa de televisión son sus excusas para no verte.
Cuando las conversaciones no llegan a ninguna parte. Intentas hablarle del tema, pero siempre es lo mismo, no muestra mucho interés o te dice que todo estará bien, pero las cosas siguen igual.
Para la sicoterapeuta Gabriela Flores, cuando estas situaciones comienzan a ser cotidianas en tu relación, es mejor dar un paso adelante y no perder el tiempo en lo que no tiene futuro.

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